Hace 45 años, el teniente coronel Antonio Tejero protagonizó uno de los episodios más dramáticos de la historia reciente de España al irrumpir armado en el Parlamento durante el intento de golpe de Estado del 23-F, manteniendo como rehenes a los diputados y paralizando al país durante varias horas.
Actualmente, con casi 94 años, Tejero lleva una vida completamente diferente en Alhaurín el Grande, un tranquilo pueblo de la Costa del Sol, donde pasa desapercibido caminando por sus calles y disfrutando del sol, rodeado de residentes extranjeros que desconocen su papel en aquel momento histórico.
El fallido golpe, que mantuvo a España en tensión durante unas 18 horas y estuvo a punto de poner en riesgo la joven democracia del país, terminó cuando el rey Juan Carlos I se dirigió a la nación por televisión y ordenó a los militares golpistas que regresaran a sus cuarteles. Tejero fue detenido, cumplió 13 años de prisión por rebelión y salió en libertad condicional en 1996.
Hoy, retirado y alejado de la política, su presencia en la Costa del Sol es un recordatorio de lo cerca que estuvo España de regresar a un régimen autoritario tras la muerte de la dictadura.










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