Un joven británico de 19 años, Harry Begg, murió en diciembre tras ser atropellado por un vehículo que se dio a la fuga en Tenerife. El hecho ocurrió en Arona, donde el joven residía desde hacía más de un año, mientras circulaba en una bicicleta eléctrica.
Posteriormente, las autoridades españolas informaron a su madre que el corazón del joven fue retenido para realizar pruebas forenses adicionales, como parte de la investigación penal en curso. Debido a esta decisión, el órgano no fue devuelto antes del funeral.
La familia expresó su dolor, desconcierto e indignación por la situación, señalando que la ausencia del corazón en el sepelio ha hecho aún más difícil el proceso de duelo. También manifestaron su frustración ante lo que consideran avances limitados en la investigación hasta el momento.










Deja un comentario